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 Miguel y su caballo Luisón.

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oriafontan
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MensajeTema: Miguel y su caballo Luisón.   Miér Sep 23, 2009 8:55 am

MIGUEL Y SU CABALLO LUISÓN.

El alboroto en el picadero era considerable porque todos las chicas y chicos del mejor colegio de la zona
estaban peleándose porque les toscara tal o cual caballo o yegua.

Apenas eran veinte chavales de unos diecisiete años porque al tratarse de una escuela de pago cada clase no solía contar con más alumnos para lograr el máximo rendimiento, aún así al profesor y a los empleados del recinto les pareció una jauría.

Miguel, chico extremadamente retraído, como siempre se quedó atrás, y ya hacía tiempo que sus compañeros habían conseguido su "caballito". El profesor se percató que faltaba él y advirtió al encargado:

- Mire falta este chico.
- Ah, ni lo había visto pues ya no queda casi nada... (se llevo mano a la barbilla meditando) bueno le tendremos
que dar a Luisón.

Así que sacaron a Luisón un caballo más bien gordo, descuidado, casi del tipo "percherón" pero con una mirada inteligente
y retadora.

- No sé deja mucho montar y a veces muerde así que cuidado por eso casi no lo usamos, habrá que llevarlo al matadero porque
no nos es de ninguna utilidad - dijo cruelmente el insensible encargado-

El profesor no quería perder más tiempo así que dijo:

- Sí eso, que no lo monte que lo lleve de la rienda y al menos podrá dar un paseo.

A Miguel no le pareció mal y con la cabeza baja tomo la rienda de Luisón. Los demás montaron con aspavientos y naturalmente se adelantaron dejando rezagado a Luisón y Miguel. Afortunadamente era un circuito concentrico preparado y no había ninguna posibilidad de perderse con lo que el profesor no se preocupó.


Pero algo pasaba y un asombrado empleado se acercó al encargado.

- Jefe, nunca había visto ese caballo comportándose así; fíjese qué dócil va con ese chaval.
Así era, Luisón no mostraba el más mínimo nerviosismo y parecía encantado con su eventual dueño.

Cuando nadie les veía Miguel decidió montar a su caballo aunque no tenía ninguna convicción ya que sólo una vez en su vida se subió
a un caballo con su padre, y era evidente que a la primera resistencia rehusaría en el empeño. Pero no hubo tal resistencia y casi
parecía que el Luisón le ayudó a subirse en su grupa.

No sabía cómo era posible pero allí estaba encima del animal; no se atrevía a moverse ni a respirar siquiera, su corazón latía
intensamente. ¿Cuánto duraría aquello? No lo sabía, pero de repente sin que el hiciera nada se movieron y mansamente Miguel fue
conducido por su caballo al punto de partida.


Acabada la excursión Miguel contaba emocionado a su padre la aventura. Los dos hermanos de Miguel estaban estudiando en Estados Unidos para llegar a ser como sus padres dos ejecutivos o personas impotantes pero altamente infelices. Sin embargo él se había quedado porque al ser tan retraído y mal
estudiante no se creyó oportuno que fuera lejos ya que sus padres tenían pocas esperanzas en él dada su tendencia a centrarse en "cosas poco útiles" no sabía casi nada de inglés pero dominaba el latín y el griego clásico.

Naturalmente el padre se olvidó del entusiasmo de su hijo por Luisón porque los adultos rara vez hacen esfuerzos por amar a sus
hijos.

Pasaron un par de semanas cuando Miguel iba con su padre a ver al dentista cuano un señor les paró.

- Hola chaval ¿Qué tal estás?

Miguel en un principio no recordaba quien era aquel señor hasta que finalmente se acordó que era el empleado del picadero.

- Su hijo - intepeló al padre- nos dejo asombrados. Tenemos un caballo que nadie quiere, malhumorado e intratable que
cuando le vimos tan bien con su hijo pensamos que quizá fuera que había cambiado pero ¡qué va! A un chaval lo intentó morder
y sus padres casi nos demandan.


Desde entonces todo fueron súplicas para volver al picadero.

Y volvió y volvió, cada día, y ya sólo porque conocía el camino de memoria y desde su casa podía ir andando aunque tenía su buena hora de
camino y su padre estaba "muy ocupado".

No tardó el padre en comprar "el dichoso" caballo al picadero que lo vendio casi regalado porque les era mucho más provechoso cobrar
el mantenimiento del animal todos los meses.

¡Así que era el dueño de Luisón! ¡Nunca nadie que no fuera él lo montaría!


Aquel animal era casi el único amigo de Miguel y el más que cabalgar, jugaba. Cómo se reía cuando el caminaba de lado y Luisón
hacía lo mismo o cuando le pedía que levantara una pata y el caballo lo hacía sin dudar.

Sin darse cuenta realizaba actos circenses que habrían sido la envidia de cualquier domador.


Como estaba preparándose para la confirmación recibía catequesis en una iglesia cercana a su casa. Fueron de visita, como actividad, a una residencia de ancianos dónde las personas ricas "dejaban" a sus progenitores. Cómo al cura le habían hablado tanto del caballo de Miguel le pareció buena idea que fuera a la residencia siempre que el director diera su consentimiento y se veía la forma de
llevar a Luisón a la residencia.

El padre de Miguel aunque quería no hacer caso de todo aquello sentía que había algo especial y no tuvo ningún problema en alquilar un transporte especial para que llevaran el caballo a la residencia y luego lo volvieran al picadero.


Así se acordó y cuando estuvieron en la residencia el camión con el caballo aún no había llegado. No sabían que había tenido un pequeño contratiempo mecánico y que iba a llegar con mucho retraso.

- Ya no podemos esperar más, ¿que le vamos a hacer? - dijo el cura- habrá que irse.

Afortunadamente en ese mismo momento llegó el camión con Luisón.

Miguel salto de alegría y abrió el mismo la portezuela del camión para sacar a su amiga. Los ancianos fueron reunidos en el patio


Todos quedaron entusiasmado no ya tanto con la habilidad, compenetración que denotaban animal y dueño sino por el profundo amor y cariño que se desprendía . Nada de eso, era notorio, había sido aprendido con palos ni machacones repeticiones peor aún que los palos. El caballo disfrutaba haciendo todo aquello tanto como el chaval y la mayoría de ancianos con una sensibilidad mucho más fina y desarrollada que otras personas captaban eso sin dificultad y se conmovían.

No obstante no había ningún sentimiento de envidia en los ancianos sino de esperanza por hacerles ver que siempre era posible encontrar ese amor profundo donde menos uno puede esperarlo. Quizá no fueran sus hijos, que les habían abandonado allí, dignos de su amor y podía serlo un caballo o cualquier otro ser vivo que Dios habían puesto sobre la Tierra.

Durante toda su vida Miguel (que nunca llegó a ser ejecutivo ni nada "importante") y su caballo (que vivió muchos años) dieron exhibiciones gratuitas en residencias, hospitales o colegios; porque como todos los amores verdaderos, trascendía.


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Lord C
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MensajeTema: Re: Miguel y su caballo Luisón.   Sáb Oct 10, 2009 1:42 am

Muy buena historia Wink

Me gusto Very Happy


Lo siento por no responder antes no había visto el tema..


Saludos

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Miguel y su caballo Luisón.
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